Parece que soy la misma gilipollas que nunca se entera de nada… O quizás no deseo enterarme. ¿Qué más da? Llorar voy a llorar igual.
Lo das todo por todos pero nadie pagaría un duro por ti, nadie se antepondría a ti en una pelea, nadie mueve un solo dedo por hacerte feliz.
Los días pasan y nada cambia, o sí, pero me da igual, no es el cambio que yo espero.
La misma rutina de lunes a domingo.
No importa si tienes libertad u obligaciones, terminas haciendo siempre lo mismo, te vas a la cama con la misma sensación: te falta algo.
Miro el reloj, 9:16 am.
El mismo metro, las mismas estaciones, las mismas paredes con los mismos colores, SIEMPRE, amarillo, blanco, azul, rojo, blanco, rojo,… y el tren sigue pasando paradas.
La misma gente, las mismas canciones saliendo de los auriculares, la misma voz anunciando cada estación, pero yo no la escucho, no quiero saber dónde estoy. Me da igual, simplemente quiero perderme, pero sé que nunca me encontrarían.
Darte cuenta de que eres importante, pero no tanto.
Estoy harta de esta condena.
Drogas para no pensar, música para mantenerme ocupada… Ésa es mi vida. Triste, ¿verdad?
Cambio de humor por no cambiarme a mí misma, puede que ése sea mi fallo. Ni tan fuerte para desahogarme ni tan insignificante como para poder sonreír.
Me rompo los dedos arañando soluciones, pero no están, nunca estuvieron.
Vive la vida de manera que no tengas de qué arrepentirte, y yo me arrepiento de demasiadas cosas, demasiadas piedras en el camino que ni siquiera he aprendido a esquivar.
Supongo que me gusta caerme…
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