Abres la puerta y te das cuenta de que no hay nadie. NADIE. Nunca lo hubo…
Marihuana y cerveza para no pensar en nada, dejar la mente en blanco. Como piense sé que todo se irá a la mierda, todo en lo que creía dejará de existir. Las vigas en las cuales me apoyaba se derrumbarán y todo quedará sumido en un silencio absoluto, sin luz ni claridad, tan solo la negrura cubrirá cualquier espacio vacío.
Miro a mi alrededor. Todos me gritan, toda la culpa es mía. Busco tu apoyo pero no estás, y me duele la espalda… Perdí la cuenta de los puñales que me clavaron.
Ando pesadamente sobre un suelo de roca… Mira, Miriam, qué felices son y lo bien que se llevan. He hecho un buen trabajo.
Claro que sí, me has hundido la vida ;)
Y sigo andando y sangrando por dentro, destruyéndome a mí misma, pero no, no pienso dejar que ellos lo sepan, aunque mi “no-sonrisa” me delate, todo estará bien, no pienso desmoronarme delante de nadie, no me da la gana.
Un juego. Eso pensaba yo, pero al final son ellos quienes juegan conmigo.
Arroz con leche. Una entrada. Un pintauñas. Una bolsita. Unos “amigos”… ¿Y así me lo pagas?
Te veía preciosa… Ahora me das asco.
Lloro por nada porque para ti no significó nada… Ahora resulta que también soy tonta.
Una gota más y el vaso revienta, pero no paran de llenarlo. Doy con el culo en el suelo pero a nadie le importa… ¿Qué más da? Solo me duele a mí, solo sufro yo.
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